La Bajada de la Virgen de Las Nieves se fundó quincenalmente hacia el año 1676 por el obispo de Canarias Bartolomé García Ximénez aunque fue en el año 1680 cuando se celebró su primera edición.
La devoción popular por la virgen mariana hizo que el prelado resolviese que el recorrido se hiciese cada 5 años.
El paso del tiempo, las calamidades como grandes sequías, hambrunas, erupción de volcanes o plagas de langostas, coincidencia de fechas o traslados por motivos religiosos o populares han ido moldeando la fiesta y la fecha hasta nuestros tiempos, solo hay una variable que no ha quedado en el olvido ni modificada, el fervor de los palmeros por su virgen y el espíritu tradicional de la fiesta.
La fiesta transcurre entre los meses de Junio y Agosto haciendo su recorrido de vuelta hasta la plaza de las Nieves para cruzar el umbral del Santuario del que partió tres semanas atrás.
Algunos de los actos principales del mucho y variado contenido que posee son los siguientes:
- La Baja del Trono: El primer domingo de julio los romeros, ataviados con los trajes tradicionales de la isla, bajan desde el santuario de Las Nieves y por el camino del Planto las 42 piezas de plata que componen el trono de la Virgen, entregándolas en la iglesia de El Salvador, donde permanecerá la virgen durante su estancia en la ciudad.
- La Danza de los Enanos: La actual transformación es invención de Miguel Salazar Pestana, y data de 1905, cuando tras una cadenciosa y lenta danza coreada, los “Viejos” se trasformaron en enanos danzarines mínimos que con levita, calzón ajustado, elegantes camisas y chalecos y gran bicornio, ejecutaron una danza con música del culto prócer palmero, doctor Elías Santos Abreu y letra del poeta satírico Domingo Carmona Méndez. Posteriormente y desde 1925, los enanos bailan una simpática y adecuada polca creada por Domingo Santos Rodríguez (1902-1979) que ha quedado definitivamente unida al número.
- El Baile del Minué: El “Minué o Festival del Siglo XVIII”, que se celebra desde 1945, con músicas diferentes cada año compuestas por el palmero y primer Diputado del Común (Defensor del Pueblo en Canarias), Luis Cobiella Cuevas. Se basa en una representación versallesca, con orquesta, solistas, coros y un amplio cuerpo de baile con el que trenzar los minués y danzas propios de la Corte del Rey Sol.
- Diálogo entre el Castillo y La Nave: El singular y emotivo “Diálogo entre el Castillo y la Nave” es uno de los actos auténticamente importantes y de mayor tradición y arraigo en el programa de festejos en honor a Nuestra Señora de Las Nieves con motivo de su Bajada Lustral. Tiene lugar en el momento en el que el solemne desfile procesional pasa ante el “Barco de La Virgen” en la mañana del Domingo de la Semana Grande. Se produce antes de que la “Morenita” haga su entrada en la Calle Real y en el corazón de la capital palmera.
Como su nombre indica existe un diálogo entre el castillo y la nave, en el que el castillo iracundo defiende la isla contra la piratería y la nave enclavada en el barrando sigue su curso de un modo pacífico con su misteriosa carga.
Los marinos anuncias por medio de los voceros que el navío lleva en su interior a la Virgen de las Nieves y es cuando el castillo cambia de actitud dándole la bienvenida y sus salvas de amor y pleitesías entre castillo y nave.
- La Pangorda: Dos filas interminables de personas que recorren la calle principal de Santa Cruz de La Palma ataviados con farolillos de todos los tipos y colores y amenizada por una banda de música termina con la quema de las caperuzas en el cauce del barranco de Nuestra Señora de las Nieves.
En su origen, la voz pandorga designaba en el ámbito hispánico la «Junta de variedad de instrumentos, de que resulta consonancia de mucho ruido», según constata la acepción recogida en 1737 en el tomo v del Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua. Pero en Canarias, este fin de fiesta, habitual en toda clase de representaciones parateatrales como las mojigangas o los entremeses, hubo de evolucionar hasta convertirse en un número independiente que hacía su aparición en la tranquila vida cotidiana con ocasión de alguna celebración extraordinaria, y en el que la luz, en contraste con la noche, puntuaba su rasgo más característico.
- Carro Alegórico y Triunfal: Obras de teatro móviles, carros tirados por bestias de carga un cuyo interior se desarrollan las escenas de la obra. La repetición de personajes de naturaleza matafísica y figurada como la fama, la fe, la isla, etc., propició que poco a poco fuera institucionalizándose con el apelativo de alegórico a la que se le añadió triunfal como expresión del tratamiento glorioso de los temas y motivos presentados en los textos.


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